domingo, 4 de diciembre de 2016

SHIGERU MIZUKI: AUTOBIOGRAFÍA y HULKA: DESORDEN EN LA SALA

Resulta muy ilustrativo e incluso coherente el leerse la Autobiografía de Shigeru Mizuki (seis tomos) después de haber leído otras obras suyas como Nonnonba u Operación muerte, y es que podriamos decir que engloba los temas más representativos de este autor (los yokai en el primer caso y la guerra en el segundo), aparte de la propia condición biográfica del relato. Es por ello que hay escenas casi calcadas de las dos obras citadas en este repaso personal a su propia historia (lo que se hace más evidente en mi caso, al tener reciente la lectura de todas ellas) pero no por ello desmerece la maestría de una labor que sirve de perfecto colofón final a una carrera llena de éxitos... aunque no desde su origen.

La fama le llegó siendo ya adulto a un Mizuki que pasó una infancia pobre (aunque feliz) para después soportar su duro paso por el ejército durante la Segunda Guerra Mundial (en donde además perdió un brazo), siendo ambos aspectos ya tratados respectivamente en Nonnonba, ésta de caracter más personal, y Operación muerte, ahi de forma más general; a lo que aqui se suma todo lo que le pasa una vez acabado el conflicto armado hasta que se convierte en dibujante y consigue la fama. En una obra así uno puede pecar de egocentrismo, pero Shigeru Mizuki no tiene problemas en desmitificarse a si mismo, retratándose por ejemplo como perezoso, despistado y con un apetito voraz (lo que le llevó a recibir más sopapos que una estera durante su etapa en el ejército), todo ello narrado en un tono distendido y sin pretensiones, alejado de la seriedad con la que algunos autores abordan el hecho de hablar de si mismos.

Nacido en 1922, esta autobiografía abarca hasta el 2001, por lo que ese amplio periodo de tiempo le sirve al autor no solo para narrarnos su vida, sino para que cada tramo de la misma quede bien integrado en su contexto histórico, siendo por tanto un repaso a la historia básica del Japón en esas décadas, aparte de un somero repaso a su vida. Además hay que señalar que, aunque la fama le llegara siendo ya mayor (y con una existencia llena de vivencias y anécdotas de todo tipo, de las que da buena cuenta por estas páginas) en esta autobiografía tampoco se centra mucho en su carrera profesional (aunque si menciona sus duros inicios en el manga o el éxito que logró con Kitaro) sino que se decanta por su vertiente viajera, en su eterno interes por los yokai (criaturas fantásticas del folclore japonés)

Con su estilo gráfico habitual, en el que los personajes son caricaturizados frente a unos escenarios más realistas, Mizuki logra ese dificil equilibrio entre la comedia y el drama, lo que nos puede llevar del humor a la conmoción en apenas unas páginas. Asimismo es justo destacar que aunque la crueldad y las atrocidades vividas a lo largo de su vida (sobretodo en la Segunda Guerra Mundial) podrían haber cambiado su caracter, lo único que lograron fue reafirmar su amor por la vida y su posición totalmente contraria a cualquier conflicto armado, demostrando que aún habia bondad y amor (y humor) en el alma humana de un artista tan grande que nos dejó el pasado 2015.
Hace más de un año me leí el primer tomo de Hulka, que recopilaba los 6 primeros números de su (por entonces) nueva cabecera, pero la cosa duró más bien poco, porque ahora le ha tocado el turno al tomo Desorden en la sala, que recopila los seis números posteriores y ya últimos de la misma. El mismo, al igual que sucedió con la anterior entrega, resulta correcto y entretenido pero siempre dando la sensación de que con un poco más de esfuerzo si que se hubiera logrado un tebeo digno de mención, y no tan solo otro comic más (sin ánimo despectivo)

Cuidado, porque no quiero decir que sea malo, pero es bastante irregular: en mi caso el número inicial me resultó simpático (con Hank Pym como estrella invitada) pero no tanto la conclusión (donde Hulka se las tiene que ver con Titania) pero lo más destacable de este segundo y último tomo sería la historia en tres partes en donde Hulka tendrá que defender ante los tribunales de justicia a un anciano Capitán América (y desconozco el motivo de ello) teniendo en el frente de la acusación a Matt Murdock (o sea, Daredevil) cumpliendo algo que hasta ahora era inédito en el Universo Marvel (según indicaba el anterior tomo) y era el enfrentamiento en los tribunales de ambos personajes, en su común labor de abogados. En resumidas cuentas digamos que en este segundo tomo se continuan los aciertos de guión que tuvo el previo, sobretodo a la hora de ver como Hulka tiene que lidiar su labor como abogada con la de superheroina, pero en donde si quizás se hubiera optado por otro dibujante, al menos hubiera quedado el consuelo de ver a este personaje en todo su esplendor, ya que el trabajo gráfico de Javier Pulido no pasa de correcto.