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jueves, 5 de marzo de 2026

¡LA NOVIA!, extravagante monstruosidad feminista (crítica sin spoilers)

Se estrena ¡La novia! cuando aún está reciente el Frankenstein de Guillermo del Toro. Y aunque sea difícil de entender, a ambos films les une la Criatura revivida por Victor Frankenstein, pero desde dos ópticas totalmente diferentes. Allí el director mexicano se decantó por una adaptación del texto original, pasado por su particular sello como realizador, mientras que aquí Maggie Gyllenhaal se decanta por una nueva adaptación de La novia de Frankenstein.
 
El citado film de 1935, dirigido por James Whale, fue secuela de su adaptación de Frankenstein de 1931, repitiendo Boris Karloff como la Criatura, al que se sumó Elsa Lanchester como la novia del título. Es posiblemente una de las secuelas mejor valoradas de la historia del cine, y todo un clásico en su género, para algunos incluso superior al film que la precedió. Su influencia posterior fue extensa, por lo que hay que valorar atreverse nada menos que con algo así. 
 
La idea de Gyllenhaal, que encara con esta su segunda película como directora tras La hija oscura de 2021, era dotar de más personalidad a un personaje que, en la citada secuela de 1935, tenía una presencia más bien anecdótica. Con guion también propio, el propósito de esta película para su responsable sería el de explorar la personalidad de dicha novia, un personaje femenino icónico cuya imagen ha pasado a la historia, pero que no fue desarrollado en su momento (también hay que tener en cuenta que eran otros tiempos).
 
Una vez que se ha visto ¡La novia! queda clara una cosa: estamos ante una película radical, que como ya se intuía vendría a ser una mezcla del clásico del que parte (aunque más bien poco) con trazos de Bonnie y Clyde, del Joker y Harley Quinn y (relacionado con ello), de la segunda película de dicho villano con Joaquin Phoenix, ya que en este film también hay ciertos momentos musicales, enfocados como si fueran fantasías, todo ello en un tono excesivo y frenético.
 
La protagonista (a la que da vida la actriz Jessie Buckley) es Ida, una mujer sometida a lo que para ella marca la sociedad conservadora de la década de los años 30 del pasado siglo. Pero en un prólogo que roza lo metafísico, la propia autora de Frankenstein (interpretada también por Buckley) viene a quejarse de lo mismo, y toma posesión (cerebral) de Ida. Pero no como recurso de terror, si no que para "liberarla" de las ataduras de los convencionalismos sociales.
 
A partir de ahí un cortés y educado, aunque algo ansioso, monstruo de Frankenstein (a cargo de un solvente Christian Bale) se siente solo, por lo que acude a ver a la doctora Euphronius (Annete Benning) para que le conceda una compañera. Tras las iniciales reticencias ella accederá, y exhuman el cadáver de Ida, que en el prólogo antes citado digamos que "se rompe la crisma" por su convulsa actitud después de la inicial "posesión" de Mary Shelley.
 
La Ida revivida está amnésica, pero sigue teniendo dentro al espíritu de la autora de Frankenstein, por lo que a partir de ahí empieza un desmadrado periplo en el que la pareja de engendros son perseguidos por sus acciones por una pareja de policías, a los que dan vida Peter Sarsgaad y Penélope Cruz. Jake Gyllenhaal, hermano de la directora, es el otro rostro más popular del elenco, encarnando a un actor de musicales al que el monstruo de Frankenstein idolatra.
 
¡La novia! es una película que no admite medias tintas: o te encanta o la rechazas. En mi caso admito la valentía de su responsable para esta relectura feminista tan peculiar del clásico de 1935, pero creo que se excede más de la cuenta con una por momentos espasmódica y frenética protagonista, que aunque en esencia pueda hacer recordar a Harley Quinn con su visión anárquica de la locura, digamos que la deja en comparación como una santa.
 
Es coherente que la protagonista intente forjarse una personalidad propia que vaya más allá de "La novia de...", y por ello la "esencia" de Mary Shelley le abrirá las puertas a un viaje de autodescubrimiento interior que la ayude a ser ella misma en una sociedad que intenta definirla. Pero todo ello está plasmado de manera irregular, cual si fuera el mismo monstruo de Frankenstein: a pedazos que funcionan mejor, frente a otros que son un delirio extravagante

CALIFICACIÓN: Entretenida (3/5)

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lunes, 7 de febrero de 2022

MUERTE EN EL NILO, un aceptable entretenimiento (crítica sin spoilers)

En 2017 el polifacético Kenneth Branagh llevó a cabo su adaptación de la clásica obra de Agatha Christie Asesinato en el Orient Express, logrando un éxito de taquilla destacable al recaudar una cifra global superior a los 350 millones de dólares con un presupuesto invertido de 55 millones. Era previsible que habría secuela, y de hecho ya estaba lista para el 2020 (el año que consta en el copyright de este film según sus títulos de crédito)... pero tuvo que vérselas con la compra de Fox por parte de Disney, aunque de forma especial con la pandemia mundial del Coronavirus, que retrasó varias veces su estreno hasta al final concretarse en febrero de 2022. 

A eso hay que sumar la polémica añadida de tener en su reparto al actor Armie Hammer, que se vió envuelto hacia finales del 2020 e inicios del 2021 en una polémica en la que le acusaban de agresiones sexuales, violencia y hasta canibalismo. Eso provocó que Hollywood lo repudiara, sacándolo de casi todos los proyectos en los que estaba inmerso, siendo (creo) la única excepción esta Muerte en el Nilo, donde el citado Armie Hammer encarna a un personaje que tiene una evidente importancia, siendo más costoso y engorroso eliminarlo, ya que hubiera provocado volver a rodar gran parte de su metraje.

Sería injusto menospreciar esta película por la polémica citada (o por el retraso acumulado en su estreno), ya que estamos ante una jugada parecida a la de su predecesora. Y es que Kenneth Branagh ha optado por un reparto coral, al igual que en la anterior, e intentando seguir con la moda que hubo en la década de los años 70 de adaptar las obras de Agatha Christie con unos elencos plagados de estrellas, como sucedió en la versión de 1974 de Asesinato en el Orient Express y en la de 1978 de esta Muerte en el nilo. En este caso Branagh repite de nuevo en su encarnación del mítico detective Hercules Poirot, al que aqui le ha reducido el muy exagerado bigote que llevaba en la anterior película, si bien le ha dado una destacable justificación para su existencia (que ignoro, o al menos no recuerdo, si consta en esta u otra de las obras de Agatha Christie), en un prólogo ambientado en la Primera Guerra Mundial.

Pero quizás el mayor problema de esta nueva versión de Muerte en el Nilo sería que tan solo consigue ser un muy correcto entretenimiento (eso es indudable), aunque sin dejar para el recuerdo nada particularmente fascinante, máxime con el reparto que tiene... o no. Y es que a diferencia de la previa Asesinato en el Orient Express, donde al menos media docena de su elenco son nombres bastante conocidos incluso para el espectador ocasional, en esta película (y aparte del propio director y protagonista) el miembro más popular de su elenco sería Gal Gadot (la actual Wonder Woman de las película del universo cinematográfico de DC), y dentro de los veteranos Annette Bening, mientras que el resto uno tiene que elucubrar si los ha visto antes y donde. Eso no sería una crítica contra los otros miembros de su reparto, que saben cumplir con corrección con el funcional guión de Michael Green (responsable entre otros de los de Logan y Blade Runner 2049), pero que hace bastante evidente una palpable falta de carisma en su conjunto global cuando uno de los nombres citados queda en un segundo plano.

Dentro de este clásico esquema del whodunit, del que Agatha Christie fue toda una experta, lo que requiere a la hora de trasladarlo en imágenes es dar una importancia equitativa a cada personaje, de tal forma que el espectador dude entre su inocencia o si está mayor o menormente implicado en lo que haya sucedido, empatizando con él bien sea en un sentido u otro. Justamente eso es lo que si consiguió Puñales por la espalda (claro homenaje a este tipo de historias de la citada autora), con un reparto más estelar y mejor manejado, pese a seguir los evidentes estereotipos del género. Pero en el caso de esta Muerte en el Nilo, más allá de que sea una cinta entretenida donde Kenneth Branagh demuestra su solvencia como director, estamos ante una película tan honesta y clásica en sus expectativas como carente de emoción para hacerla memorable, no logrando transmitir la intriga por la que transita, craso error si lo que pretendes es tener expectante al espectador. EN CONCLUSIÓN estamos ante una cinta más o menos entretenida en su conjunto pero algo neutra en su desarrollo, de tal forma que nunca consigue implicar emocionalmente a quien la está viendo.

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