sábado, 31 de enero de 2015

LA AVENTURA DE LA MUJER GATO (relato) (ACTUALIZADO)

Todo empezó cuando me cogí en préstamo de la biblioteca el tomo Sherlock Holmes en España y ví que salía citado. Hablando con el autor internáuticamente me recordó de dos relatos mios que a principios de los 90 fueron publicados en el boletín de la asociación Círculo Holmes, y que pensaba yo darlos por perdidos hasta que un buen amigo me los pasó para poderlos compartir con vosotros (los teneis respectivamente aqui y aqui) ¿Y esto? Pues bien, es que había un tercer relato que al principio no identifiqué pero que al leerlo me dí cuenta de que también era mio, en esta ocasión influenciado por la Catwoman de la película Batman vuelve (ACTUALIZACIÓN: fue editado en el boletín de la asociación correspondiente a enero de 1993) Como los anteriores, tras el banner teneis el relato.


En mi libreta de notas tengo señalado que fue un día de diciembre de 1892 cuando el inspector Lestrade nos introdujo a Holmes y a mí en lo que sería la aventura de la misteriosa mujer gato.

Aquel día Holmes se había despertado de buen humor, como pude comprobar al ir a visitarle; su recibimiento expresaba jovialidad. —¡Mi buen amigo Watson! ¿A qué debo el honor de su visita?

—Hacía tiempo que no nos veíamos, Holmes. Sé por los periódicos que anduvo en un nuevo caso de resonancia internacional. Por su alegría pienso que lo ha resuelto satisfactoriamente.
—En efecto, Watson. Y mi alegría se dobla en este momento, ya que, si no me equivoco, ahí llega Lestrade para depositar en nuestras manos un nuevo caso. Quédese y podrá embellecer con su prosa, otro de mis casos.
Al tiempo que decía esto me pasaba un telegrama que decía:

“Iré a visitarle a las doce”
Lestrade

—Expedido en Wigmore a las nueve. Por el ruido de sus botas deduzco que ahora mismo va a aparecer por la puerta.

Efectivamente. La puerta de la habitación se abrió y, tras la señora Hudson, apareció un Lestrade pálido y desaliñado.

—Acomódese mi buen Lestrade —le dijo Holmes acercándole una silla.
—Dígame qué misterio le ha sacado de la cama a altas horas de la madrugada, para ir hacia Whitechapel por un asunto de asesinato. Su barba delata la urgencia con que le llamaron. Lo de Whitechapel lo deduzco por el barro que adorna su calzado. Por su palidez me atrevo a asegurar que el problema es de los de crimen de por medio. Así que, señores ahórrense sus caras de asombro.
—Señor Holmes —dijo Lestrade con un suspiro. —Me mandaron llamar cerca de las cuatro de la madrugada. La ronda nocturna había encontrado en Whitechapel el cadáver de John Clay, aquel Individuo con el que tuvimos problemas hará unos cinco años.
—Ya recuerdo. “La liga de los pelirrojos”; pero continúe por favor.
—Bien. Me fui a toda prisa hacia Whitechapel porque me dijeron que había testigos que habían visto al asesino y que lo tenían acorralado. Al llegar vi el cadáver de Clay. Le habían rebanado el cuello de oreja a oreja. Dejaron allí mismo el arma homicida. Un guante artificial con unas afiladísimas garras retráctiles, como las de los gatos. Diversos testigos afirmaban haber visto una figura humana que, disfrazada de gato, se abalanzaba sobre Clay. Dicha figura huyó al oír voces, y se refugió en una casa cercana. Voluntarios del vecindario rodearon el edificio. Cuando yo llegué a la casa sólo encontré a tres mujeres. —Siga, siga —dijo Holmes impaciente.
—Las mujeres que encontré, respondían a los siguientes nombres:
  • Amanda Johnson de 23 años; de profesión, prostituta.
  • Sarah Smith; 39 años. Propietaria de un bar cercano.
  • Selinda Kyle; 28 años. Maestra de una escuela ubicada en la misma calle.
—¿Registró usted bien la casa? —preguntó Holmes.
—Sí —respondió Lestrade. Registré la casa. Todo era normal si exceptuarnos un pequeño pasadizo secreto que comunicaba la cocina con el desván. Una vez en el desván, por un ventanuco que hay, podría una persona muy ágil, salir hasta el tejado. Pero una vez allí, el edificio más cercano se halla a unos cuatro metros de distancia... Es un salto que no pude dar ningún ser humano. Holmes se quedó absorto y pensativo un buen rato. Lestrade se había calmado un poco. Yo aproveché para cargar y encender mi pipa, mientras el gran detective continuaba con la vista fija en un punto lejano.

Se desperezó por fin y dijo:
—Lestrade; esta tarde investigaré a estas tres mujeres. Venga sobre las seis a tomar el té. Seguramente habré dado ya con la solución.
Holmes nos acompañó hasta la puerta a Lestrade y a mí. Quedamos en volver a las seis. Asuntos urgentes me retrasaron y llegué a Baker Street a las seis y veinte.

—Siéntese Watson, me dijo Holmes. Yo observé que seguía con el mismo buen humor que por la mañana, Lestrade ya había llegado, y estaba cariacontecido y apenado.
—Le estaba explicando a Lestrade cómo se le escapó de las manos el asesino de Clay —aseguró Holmes mientras me alargaba una taza de humeante té.
—¿Cómo fue? —inquirí.
—Pude comprobar visitando el lugar de los hechos que el asesino entró efectivamente en la casa; y que saltó desde el tejado estos cuatro metros que parecen imposibles de saltar para un ser humano. Pero... no para alguien que se crea efectivamente un gato. —Bien, Holmes —admitió Lestrade. —Es su teoría y no tengo más remedio que aceptarla al no disponer de ninguna otra prueba. Se lo agradezco.
Dicho esto se levantó pretextando una investigación urgente y nos dejó solos.

Holmes se levantó. Se acercó al armario ropero y extrajo de él un disfraz de gato de cuerpo entero.

—¿De dónde demonios ha sacado esto? —le pregunté.
—Hablé esta tarde con las sospechosas —me respondió. —Una de ellas sentía un gran afecto por los gatos. Las otras dos los odiaban. Precisamente fue esta mujer, que tanta afición tiene por los gatos, la más relacionada con Clay... hasta el punto de ser su hermana.
—¡Pero Holmes! ¿Por qué no se lo contó a Lestrade?
—Watson; esa mujer mató a su hermano porque había abusado sexualmente de ella. Reiteradas veces. Se vengó matándole. El que se disfrazase de gato dice mucho en favor de un crimen premeditado y frío. Pero también dice en favor de la inteligencia de esta mujer. La atrapé con el disfraz en las manos, tratándolo de esconder. Me entregó su doble identidad y me rogó, llorando, que no dijera nada, Que nunca se volvería a repetir.

—La mujer gato era pues Selinda Kyle — afirmé.
—En efecto, Watson. Su apellido era Clay, se lo cambió para no tener problemas. Personalmente pienso que algunos crímenes no merecen que se castigue al asesino, si el asesinado es tan despreciable como en este caso. Callemos la venganza de la hermosa Selinda Kyle.

Miré a Holmes a los ojos. Aquella expresión no se la había visto desde que conociera antaño a Irene Adler. Comprendí y me quedé en silencio. Con el tiempo, el único recuerdo de aquel caso fue un ajado y polvoriento disfraz de gato, que Holmes guardaba junto a una infinidad de otros extraños recuerdos.

EL CASO DEL DESTRIPADOR (relato)

A continuación teneis un relato mio escrito en 1994 para un concurso literario (que no gané) y en donde bajo el seudónimo de Alan Grant (el personaje al que encarnaba Sam Neill en Parque Jurásico) escribí un relato donde me anticipaba al morbo de los reality-shows con ciertos toques a medio camino entre las películas Asesinato por Decreto y Regreso al futuro 2. Al igual que el relato previo, tan solo vió la luz en el boletín de la asociación, por lo que gracias de nuevo al amigo que me ha permitido compartir esto con todos vosotros: bajo el banner teneis la historia.


Una vez más me pongo yo a dejar constancia escrita de un hecho increíble que me sucedió en mi carrera como detective. Tú, querido lector, que soportaste tantas veces las embellecidas historias que sobre mi escribía el doctor Watson, vas a tener conocimiento de mi aventura más fantástica.

Todo comenzó en 1888. No es necesario dar detalles porque todo el mundo conoce los sanguinarios crímenes de Jack el destripador. Lestrade me pidió ayuda y yo comencé a investigar. Mucha gente me ha preguntado porque Watson nunca explicó es te caso, ya que todos tienen en cuenta que el gran Sherlock Holmes tuvo que haber desenmascarado al sanguinario Jack. Así fue, sin duda, pero explicar este caso significa relatar un relato ilógico. Mis investigaciones me llevaron el viernes 9 de noviembre al 26 de Dorset Street, en el distrito de Whitechapel. Seguí al destripador hasta allí, pero lamentablemente no pude evitar el brutal degollamiento de la inquilina de esa casa, la prostituta Mary Jane Kelly. Al entrar yo, ella estaba muerta, y Jack estaba a su lado, abriéndole aún más las entrañas con su cuchillo.

Y aquí comienza lo extraordinario. Al lanzarme sobre él nos envolvió a ambos una luz blanca de gran intensidad que me cegó. Cuando pude abrir los ojos tenía frente a mí a Jack. Él también estaba aturdido, porque ahora estábamos en la calle. Pero ésta era larga y de color negro, y estaba flanqueada a ambos lados por inmensos edificios. Por el cielo se veían unas extrañas máquinas que estaban suspendidas en el aíre y que se desplazaban a través de él. De repente se acercaron a nosotros unos individuos que se desplazaban por el aire con unas extrañas tablas que llevaban en los pies, llamadas “aeropatines”, según me dijo más tarde. Jack echó a correr y desapareció tras una esquina. Nadie le siguió. Yo me quedé, y uno de los individuos que montaban en los aeropatines me dijo:

—Bienvenido al año 2888, señor Holmes. Actualmente estamos celebrando el primer milenio desde los crímenes de Jack el destripador, y nos pareció buena idea traerlo a él y a usted a nuestra época.
—¡Esto es imposible! ¿Qué pretenden?
—Atienda bien, porque se lo voy a decir sólo una vez. Queremos que cace al destripador en este año, Le vamos a dar los medios para conseguirlo. Cuando lo cace ha de matarlo.
—Es un criminal y ha de ser juzgado — le dije
—¡No! —me contestó—, ¡Es un sádico y ha de morir! Cuando muera, usted volveré a su época. Mientras tanto permanecerá aquí. Y no se confíe, para Jack las cosas están igual que para usted. El que quede vivo volverá. Tenga, un par de utensilios.

Me entregó un anillo dorado. Me explicó que era mutagénico, es decir, que se transformaría en cualquier arma que mi mente deseara. Lo probé, pensando en un cuchillo. Apareció uno en mi mano. Pensé en un aeropatín y funcionó. Perdí un poco el equilibrio y al alzarme me encontré solo en aquella calle futurista. Como no tenía otra opción empecé a familiarizarme con aquellos extraños artilugios, mientras iba en pos del destripador.

Las pistas para llegar hasta Jack enseguida estuvieron claras para mí. Él era un individuo con un retraso mental que le había mermado las facultades, hasta el punto de realizar las salvajes atrocidades de las que hacía objeto a las prostitutas, por lo que el hecho de verse extraído de su mundo para aparecer en donde estábamos él y yo ahora probablemente lo habría trastornado al máximo. Yo también estaba atento y alerta, me convencía a mí mismo de que esto debía de ser una pesadilla extraordinaria. Pero sabía que de ella no saldría hasta cumplir el cometido que me habían ordenado los individuos de los aeropatines.

A través de aquel laberinto de calles (ya que todas eran idénticas) pronto encontré un cadáver descuartizado. Jack le había cortado los brazos y las piernas a una mujer, intercambiándolos del lugar natural que le corresponde a cada parte.

En ese momento me percaté de que no había nadie cerca Tampoco había nadie asomado por la ventana. Nadie paseaba. No se oía ningún ruido. Aquello estaba muerto. Sonó un grito desde la calle de mi izquierda. Hice aparecer el aeropatín y me deslicé hasta el lugar de dónde provenía.

El individuo del aeropatín que me había hablado hacía un rato yacía muerto. Jack le había sacado los ojos y le había cortado los genitales, introduciéndolo todo en su boca. Después le había descuartizado, depositando sus entrañas sobre el hombro derecho.

—Esto es lo que quieren.

Me giré y encontré a Jack frente a mí. Manchas de sangre de sus víctimas cubrían su escalpelo y sus ropas.

—¿Que has dicho? —le pregunté.
—Esto es lo que quieren, Holmes. Les gusta el morbo de presenciar crímenes, de sentir que corren peligro. Les gusta ver las depravaciones que es capaz de hacer un psicópata como yo. Quieren sentir el lado maligno de la vida. Unos aprenderán, otros lo odiarán, pero todos lo admitirán —me contestó.

Sus palabras me cayeron como plomo. Tenía razón, no importábamos ni Jack ni yo, lo único que querían era jugar con nosotros para ver la que ellos querían ver muerte. Pero no podíamos escapar.

De repente empezaron a explotar todas las viviendas de los edificios. Los cascotes caían sobre nosotros mientras corríamos hacia un destino desconocido Conseguimos refugiarnos en un sótano, pero enseguida comprendimos nuestro error cuando un edificio se derrumbó, dejándonos atrapados.

—Tenemos que salir de aquí. ¿Tienes alguna idea, Jack? — le pregunté,
—Antes de degollar a ese bastardo le quité esto — y me lanzó una pequeña máquina que atrapé al vuelo. Aquel pequeño objeto tenía varios botones, de los cuales había uno apretado bajo el cual se podía leer: “Destrucción Total”.
—Tenías razón, Jack. Están tan obsesionados por ver muerte que tu última víctima, que seguramente debe de ser el dirigente de este lugar, construyó una bomba que accionada por control remoto lo destruiría todo cuando muriera, como así ha ocurrido.
—¡Pero morirá mucha gente inocente! —dijo Jack. Me sorprendió dicho comentario, y más teniendo en cuenta que venía del asesino más famoso de la historia, pero le contesté:
—Esta ciudad estaba casi vacía y eso es porque, seguramente, se han ido todos o han caído asesinados. Por eso nos han traído al 2888, están tan cegados de maldad que quieren volver a empezar desde el comienzo... o sea, desde nosotros.
—Cierto, Holmes. Yo represento la maldad más antigua que conocen. Pero les daré lo que se merecen, usted váyase, en ese aparato hay un botón que pone “viaje temporal”. Pienso que funcionará. Lo hubiera usado, pero un canalla como yo no merece seguir viviendo.
—Vuelva conmigo, Jack. Le ayudaré con la justicia.
—No, yo soy la justicia Cuando usted se vaya apretaré este botón —se sacó una bomba del gabán y me señaló el botón al que se refería— y borraré al hombre de la faz de la Tierra con esta bomba que les he robado.

Sin darme cuenta había apretado el botón de “viaje temporal” y todo se volvió blanco a mí alrededor. Cuando volví a abrir los ajos estaba en mi salón de Baker Street. Encima de la mesa me esperaba el típico desayuno de la Sra. Hudson y el periódico de ese día, sábado 10 de noviembre de 1888. En ese momento entró Watson.

—¡Vaya, Holmes! ¿Ha visto el periódico? ¡El Destripador ha vuelto a actuar! ¿Cuándo le pararán los pies a ese salvaje? —Querido Watson, si le soy sincero creo que el destripador ha desaparecido para siempre.
Y ese pensamiento aún lo mantengo. Lo único que deseo es que la humanidad no acabe como yo la vi: egoísta, maligna, destructiva y deseosa de ver sangre y muerte. De Jack el Destripador no se volvió a saber nada. No sé si apretó o no el botón de aquella bomba y exterminó a la humanidad. Lo único que sé, es que todo esto no fué un sueño, porque aún llevo el anillo mutagénico que me dió el individuo del aeropatín.

SHERLOCK HOLMES E IRENE ADLER: EL PRIMER ENCUENTRO (relato)

¿Os acordais que hace bien poco tiempo os descubría mi pasado como narrador de fan-fics y os descubría una historia mia prevía al nacimiento de este blog que hacía un crossover entre Spiderman y Sherlock Holmes? En ese post citaba dos historias previas mias con el famoso detective de Baker Street de protagonista pero que yo pensaba ya perdidas (porque vieron la luz a principios de los años 90 tan solo en el boletin interno de los miembros del Círculo Holmes, y lejos aún de imaginar el actual internet para hacerlas públicas)

Pues bien, sabedor de mis anhelos un buen compañero de aficiones me los ha pasado en formato de word: a continuación os dejo con el primero, que escribí en 1993, en plena efervescencia de mi pasión por el personaje, y claramente influenciado por la película El secreto de la pirámide (de ahi el banner bajo el cual teneis el relato) Lo que hace 22 años fue solo para unos pocos, ahora es para todos.


Resulta curioso que mi primer caso aún no sea conocido por el mundo. Mi amigo Watson no tiene ninguna anotación de esta historia, por lo que me veo en la obligación de coger la pluma para relatarlo yo mismo.

Todo comenzó en octubre de 1872. Mis padres me habían matriculado en el Christ Church College de Oxford, un centro de estudios donde ese año se decidió experimentar una nueva proposición de un joven político llamado Gladstone, que chicos y chicas compartieran estudios. Eso provocó que una muchacha, llamada Irene Adler, fuera a mí clase.

Yo tenía 18 años, y mi poca afición a comunicarme con los demás me había llevado a ser una persona con escasos amigos. Y no sería exagerado decir que mis estudios iban más adelantados que los de mis compañeros, sólo por que yo les dedicaba 16 horas diarias. El hecho, por lo tanto, de que llegara Irene Adler me cambió bastante, ya que nada más conocerla experimenté la dulce sensación del amor. Yo nunca había tenido necesidad de galantear con chicas, como habían hecho ya la mayoría de mis compañeros, pero sentía que con Irene tendría que ser diferente.

Con el consejo de uno de mis pocos amigos, le escribí una carta expresándole mis sentimientos. Ello provocó que un día se sentara a mí lado en la mesa de la biblioteca, donde yo me ponía a estudiar:

—Hola, ¿tu eres Sherlock Holmes, verdad?
—Sí —le contesté
—He oído comentar por ahí, Holmes, que estás enamorado de mí. Me lo dijo un chico llamado Victor Trevor.
—¿Y qué piensas tu, Irene? —le pregunté,
—Quiero ser sincera contigo, Holmes. Actualmente hay un chico que me quiere y al que yo también quiero mucho. Por lo tanto sólo podemos ser buenos amigos,... siempre que no te sientas ofendido,
—No, pero... ¿quién es ese chico?
—William Moriarty, el hijo del maestra de matemáticas.

Entonces lo comprendí. El profesor James Moriarty me había dado clases durante el verano de ese año, pero al final me dejó por imposible, debido a que acabamos odiándonos mutuamente. Su hijo, William, era como el padre, pero además se las daba de importante.

Era un chico atractivo y que le gustaba galantear con todas las muchachas que pasaban por su camino, por lo que en el fondo no me extrañó que Irene y él fueran novios. La conversación que tuvimos en la biblioteca Irene y yo tuvo lugar a finales de noviembre. Desde entonces fuimos buenos amigos, y solíamos visitarnos mutuamente. Yo la quería, pero no volví a hablarle de mi amor. Todo iba bien hasta que a mediados de diciembre comenzaron los problemas. El primero que me informó fue mi amigo Victor Trevor, que me había ayudado a escribir la carta a Irene. Un día, al salir de clase de química, me dijo:

—Holmes, Irene me dijo que quiere hablar contigo en su habitación Es urgente
—De acuerdo, ahora mismo voy.

Al llegar a su habitación llamé tres veces a la puerta, pero nadie me contestó. Al girar el picaporte me di cuenta de que no estaba cerrada con llave. Entré. Todo estaba ordenado, pero Irene no estaba. Empecé a pasear por la habitación, bastante inquieto por lo que hubiera sucedido. Me fijaba en todos los objetos que había a mí alrededor, intentando encontrar una pista. Pero todo se encontraba tal y como yo recordaba haberlo visto la última vez. Me agaché para mirar debajo de la cama, y entonces fué cuando vi algo sospechoso, había un libro, Lo cogí y empecé a hojearlo. Era una edición reciente de “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe. Al llegar a la última página, Irene, porque reconocí su tipo de letra, había escrito: “Holmes, sálvame. Descubrí su secreto e intentarán deshacerse de mí. ¡Ya están aquí!”. Aquello parecía auténtico.

Decidí revisar la cerradura de la habitación y encontré lo que buscaba, unos ligeros roces que evidenciaron la convicción que yo tenía de que alguien había secuestrado a Irene. A juzgar por su nota ella había descubierto algún secreto de cierta persona, a la cual debían ayudar otro u otras, cosa que se deducía de la forma en que había utilizado los verbos en la nota que me había escrito. Decidí ir a hablar con Victor, ya que él debía de saber alguna cosa, o si no podía proporcionarme algún vestigio que poder seguir. Cuando llegué a su habitación estaba leyendo un tratado sobre la aplicación de logaritmos a las matemáticas, pero lo dejó a un lado al ver mi cara de preocupación:

—¿Que ocurre, Holmes? Te veo preocupado.
—Han secuestrado a Irene — le contesté.
—¡Eso es Imposible!
—Tristemente no —y seguidamente le expliqué todo lo que me había sucedido desde que salimos de clase de química— pero me propongo encontrarla. ¿La notaste extraña cuando la vistes por última vez?
—Bueno, estaba ligeramente preocupada. Pero como están próximas las vacaciones de navidad, pensé que estaría inquieta por los exámenes de fin de trimestre. Después de hacerle un par de preguntas más a Victor llegué a la conclusión de que no me proporcionaría ninguna nueva pista. Entonces fué cuando me acordé del novio de Irene, William Moriarty. Decidí visitarle pero en su habitación no había nadie. Le pregunté a un chico que había cerca y me dijo que William estaba en el gimnasio, entrenándose para la exhibición de esgrima que habría en navidad. Al llegar allí me encontré a un grupo de 20 ó 25 muchachos que miraban embelesados el combate de esgrima que había en la pista. Los contendientes eran desconocidos para mí, ya que no podía ver sus caras debido a las máscaras de protección. Pero yo era un gran experto en esgrima por lo que, después de mirar durante unos instantes, no me costó identificar cuál de los contendientes era William Moriarty. La lucha pronto acabó ya que William con una brillante estratagema, desarmó a su adversario y lo acorraló. Al quitarse la careta protectora me vió y se acercó hasta donde yo estaba:

—Vaya, vaya ¡El señor presuntuoso Holmes!
—William, quiero hablar contigo en privado. Ahora mismo.
—¡Oh! ¿Y si no me da la gana? —me contestó despóticamente.
—Irene Adler ha desaparecido, y si no me equivoco era tu novia
—¿Desde cuándo te interesan las mujeres? Irene es mía, y cómo te vea galantear con ella será un placer destrozarte la cara. ¿Y que es esa tontería de que ha desaparecido? Yo no tengo nada que ver con lo que haga y deje de hacer esa estúpida de Irene.

Esto último me irritó hasta el límite. Cerré mi puño y lo hundí con fuerza en su abdomen. Su cuerpo se inclinó hacia delante por lo inesperado del golpe, momento que aproveché para propinarle un puñetazo en la barbilla, que le hizo caer pesadamente al suelo:

—¡Como le haya pasado algo a Irene por tu culpa, juro por Dios que no descansaré hasta acabar contigo!
—Esto no quedará así, Holmes. —me dijo mientras un hilo de sangre empezó a caer de sus labios— mi padre es el profesor de matemáticas. Hablará para que te expulsen.

Esa tarde me convocó el profesor Moriarty para hablar conmigo. Al llegar me recibió sentado ante el escritorio de su habitación. Estaba, según dijo, muy contrariado por el suceso de esa mañana en el gimnasio. Había escuchado las explicaciones de su hijo, y aunque le dolía como padre el ataque que había sufrido, conocía el carácter de su hijo y decidió que lo mejor era olvidar el incidente.

Al salir de la habitación del profesor Moriarty lo vi todo claro. Su hijo estaba metido en el asunto, como me había demostrado por la mañana, hablando como lo hizo de mi querida Irene. Yo le ataqué de una manera que, conociendo las estrictas normativas del Christ Church College, significaría la inmediata expulsión, pero el profesor Moriarty lo deja todo en un simple suceso, cuando sería el primero en alegrarse de mi expulsión. Además estaba el hecho de que en la nota de Irene estuviera escrito que había descubierto “su secreto” (refiriéndose quizás al profesor Moriarty) y que “intentarán deshacerse de mi” (incluyendo a William Moriarty, ya que al ser su hijo era la única persona en la que podía confiar el profesor Moriarty). Y si los culpables hubiesen sido de fuera habrían llamado la atención, por lo que quedaba descartado. Además, Irene era nueva en la escuela, y aunque se hablaba con todos, sus amigos más íntimos éramos yo, Victor Trevor y su novio, por lo que el secreto al que se refería sólo podía referirse a los Moriarty. Decidí que esa noche seguiría los pasos del profesor. Me escondí en la habitación del material, y con la puerta entreabierta esperé a que saliera el profesor Moriarty. La espera fué larguísima, mientras escuchaba como un reloj cercano daba las horas, una detrás de otra. Mientras esperaba pensé en la hermosa Irene Adler. Era una muchacha encantadora, con un bonito cuerpo, y un sedoso cabello castaño claro. Sus ojos verdes eran alegres y su piel era tersa y suave. Decidí que como le hubieran hecho algo malo, no descansaría hasta castigar al culpable. En ese momento se abrió la puerta y salió el profesor Moriarty. Sin que nadie me hubiese visto, había sustraído una pistola del museo privado de la escuela, así como un florete del gimnasio, ya que el peligro no estaba excluido. Seguí a Moriarty hasta una pequeña choza que había en un bosque cercano al Christ Church. Yo me asomé por una ventana, sin que me vieran. Dentro estaban los dos Moriarty e Irene, atada y amordazada en una silla. Desde fuera escuché perfectamente la solución que Moriarty le daba a su hijo:

—Tu novia ha descubierto la organización criminal que estoy organizando, por lo que la mataremos y la enterraremos, sin que nadie se entere. —dijo sacando un enorme cuchillo del gabán.

Decidí actuar de inmediato si quería salvarla, Como la puerta de la choza era bastante vieja, la eché abajo de una patada. Al entrar, William se lanzó sobre mí, pero disparé sin apuntar. William cayó al suelo, inconsciente. No sabía si lo había matado, porque el padre me atacó con el cuchillo inmediatamente. La punta metálica me rozo la mano, lo que hizo que comenzara a sangrar. Cuando iba a contraatacar, le lancé una salvaje estocada con el florete, lo que hizo que el cuchillo saliera volando hasta introducirse en una grieta que había en el suelo de la vieja choza:

—El juego ha acabado, Moriarty —le dije.
—No, Holmes. —me contestó— Nos volveremos a ver.

Para sorpresa mía, se lanzó contra la ventana, y haciendo añicos el cristal desapareció en la oscuridad de la noche. No le seguí porque estaba más preocupado por Irene. La desaté;

—Gracias, Holmes. ¡Que miedo he pasado! Ese hombre estaba intentando formar una organización criminal, y cuando yo lo descubrí decidió asesinarme... ¡y su hijo estaba de acuerdo con el padre!

Salimos los dos juntos y nos dirigimos a la escuela. Una vez en la habitación de Irene le conté como había resuelto el caso. Y al acabar, querido lector, me agradeció que le hubiera salvado la vida como mejor lo agradece una mujer. Hicimos el amor. Al día siguiente, cuando la policía evaluó la situación, llegaron a la conclusión de que William Moriarty había sufrido un intento de asesinato por parte de una persona desconocida. Al poco tiempo fué trasladado a otro colegio. Su padre desapareció, y la organización criminal que ideó aún tardó más de diez años en acabarla. Irene, por orden de sus tutores, fué trasladada a otro centro escolar a la semana siguiente del caso de los Moriarty. La despedida fue triste. Nos dimos un beso de amor antes de que yo viera como se subía al tren que nos separaría hasta muchos años más tarde, en el caso que Watson tituló “Un escándalo en Bohemia” Jamás olvidaré aquella aventura juvenil, que me unió al gran amor de toda mi vida, así como al enemigo más acérrimo que tuve en mi carrera profesional. Fué una aventura que decidió una considerable parte de mi futura carrera como detective, pero aquel frió diciembre de 1872 lloré por primera vez en mi vida, ya que mi primer gran amor se alejaba en aquel tren hacia un lejano punto del horizonte.

LECTURAS DE BIBLIOTECA e internáuticas de enero-2015

Nuevo mes que finaliza y nuevo listado de todas las lecturas que he tenido en el mismo, que me sirve de índice por si necesito buscar alguna referencia futura (tanto de las físicas como de las virtuales, por si me olvido de algún que otro detalle)

Los títulos son links que llevan a cada reseña correspondiente en Lecturas de biblioteca: de papel a pantalla, el blog de Facebook donde las voy colocando:


(Nota: incluyo la primera entrega de la colección de figuras de Tintin por el material gráfico y presentación de la colección que acompaña a la figura, realmente EXCEPCIONAL)

viernes, 30 de enero de 2015

¡¡Mi relato SPIDER-MAN Y SHERLOCK HOLMES es citado!! (ACTUALIZADO)

Como muchos sabeis, una de mis pasiones es la lectura, y como tengo que agradecer de vivir donde vivo, las bibliotecas de mi zona estan bastante surtidas y les llegan bastantes novedades, con lo cual aún tiene que llegar el día en el que no tenga NADA para leer. Las reseñas de lo que me leo las voy recopilando por aqui una vez al mes, para que me sirva de índice si necesito buscar algo luego en el futuro (aunque las podeis leer también siguiendo mi blog "satélite" en Facebook Lecturas de biblioteca: de papel a pantalla que me sirve para eso así como para enlazar noticias referentes a adaptaciones literarias o de comic)

Siguiendo el orden según los voy pidiendo en préstamo, decidí empezar ayer el tomo Sherlock Holmes en España de Alberto López Aroca. En el mismo parece ser que se hace una muy extensa recopilación de lo editado del famoso detective de Baker Street por aqui nuestro pais. Cual sería mi sorpresa cuando al llegar a la página 24 CITAN UN RELATO MIO con mi nombre y todo. Para mi ha sido una muy agradable sorpresa, entonces he decidido traspasar dicha narración aqui, ya que la misma fue editada por internet a finales del año 2004, pocos meses antes de abrir este blog (el próximo 17 de febrero cumpliré una década desde que lo tengo abierto)

ACTUALIZACIÓN: En conversación internáutica con el autor me recuerda otros dos relatos mios citados en la obra (lamentablemente no hay versión online de los mismos):
  • páginas 198 y 201: Sherlock Holmes e Irene Adler: el primer encuentro, publicado en el número 9 del boletín Las notas del violín de la asociación Actas de Baker Street de julio de 1993
  •  página 205, El caso del Destripador publicado en el número 13 del boletín Las notas del violin de la asociación Círculo Holmes (antes Actas de Baker Street) de diciembre de 1994 bajo el seudónimo de Alan Grant (el personaje de Sam Neill en Parque Jurásico)
Mi coqueteo con los relatos fue bastante acusado en los inicios de este blog, cuando mi pasión comiquera estaba en plena efervescencia, dando lugar desde a un relativo crossover entre el Doctor House y Thor hasta lo que podeis ver en la etiqueta relatos de este blog (donde el primero que os saldrá es este, ir bajando para ver el resto) Del citado de ejemplo curiosamente por internet he encontrado la imagen bajo estas líneas (sacada de este deviatnart), debajo de la cual teneis el relato completo Spiderman y Sherlock Holmes (aunque si quereis ver más cosas mias previas a este blog pasaros por mi ficha de usuario en Dreamers)


sábado, 24 de enero de 2015

INTO THE WOODS, musicales cuentos clásicos al estilo DISNEY

FICHA TÉCNICA

Título: Into the Woods
Título original: Into the Woods
Dirección: Rob Marshall
País: Estados Unidos
Año: 2014
Fecha de estreno: 23/01/2015
Duración: 124 min
Género: Comedia, Familiar, Fantástico
Calificación: No recomendada para menores de 7 años
Reparto: Meryl Streep, Emily Blunt, James Corden, Anna Kendrick, Chris Pine, Johnny Depp, Lucy Punch, Christine Baranski, Tammy Blanchard, Daniel Huttlestone, Tracey Ullman, Mackenzie Mauzy, Billy Magnussen, Lilla Crawford, Richard Glover, Simon Russell Beale, Joanna Riding, Annette Crosbie
Distribuidora: Walt Disney Pictures
Productora: Walt Disney Pictures, Lucamar Productions

SINOPSIS

"Into the Woods" es una versión moderna de los entrañables cuentos de hadas de los Hermanos Grimm que entrelaza las tramas de algunas historias seleccionadas y explora las consecuencias de los deseos y las inquietudes de los personajes. Este musical humorístico y conmovedor sigue los cuentos clásicos de Cenicienta (Anna Kendrick), Caperucita Roja (Lilla Crawford), Jack y las judías mágicas (Daniel Huttlestone) y Rapunzel (MacKenzie Mauzy). Todos ellos se combinan en una historia original que protagonizan un panadero y su esposa (James Corden y Emily Blunt), su deseo de formar una familia y su interacción con la bruja (Meryl Streep) que les ha echado una maldición.

CRÍTICA

Después de Chicago y Nine el director Rob Marshall completa su particular trilogia musical con esta adaptación de la obra de Stephen Sondheim, que vendría a ser un crossover de personajes de cuentos clásicos (estrenada en escenarios en 1987 su idea inicial igual inspiró en parte a las posteriores Fábulas de Vertigo/DC comics o la serie de televisión Erase una vez -Once upon a time-) En mi caso no soy muy fan de los musicales, si bien en su momento disfruté con Hairspray y Mamma Mia!, por lo que mis expectativas eran las justas.

Siendo la Disney la productora del presente título, y con la temática que además tiene, esperaba una variante en versión real de ese cine de animación de principios de los noventa que levantó a la por entonces alicaida compañia (pero también sin olvidar que también es de Stephen Sondheim la adaptación que hizo Tim Burton de Sweeney Todd... y que reconozco que se me hizo un tanto pesada al ser una continua sucesión de canciones, lo mismo que le ocurrió (aunque aqui con algún breve dialogo) a Los Miserables, que además estaba dilatada en exceso)

Pues bien, mis expectativas han quedado satisfechas, porque creo que estamos sin duda ante un gran MUSICAL (que luego aún habrá algún espectador que se queje sin informarse de lo que va a ver) donde se entrelazan de manera muy ingeniosa cuentos clásicos como Caperucita Roja, Jack y las habichuelas mágicas, Rapunzel y Cenicienta. En su base digamos que eso puede recordar al cruce de personajes de cuentos que había en Shrek, pero todo ello envuelto en un destacado musical al estilo Disney (lo que provoca que no se acabe de ahondar en su tono oscuro al buscar ser apta para todos los públicos)

A la espera de que se estrene la versión de Cenicienta dirigida por Kenneth Branagh, se mejora en esta Into the woods los resultados de las recientes versiones de Caperucita Roja (con Amanda Seyfried) y de Jack el cazagigantes (título del que se encargó Bryan Singer), mientras que en el caso de Rapunzel quedaría la batalla en un claro empate comparada con su adaptación animada. Pero el mayor handicap que puede encontrarse esta película está en la saturación de revisiones de cuentos clásicos que ha habido desde que triunfó la Alicia en el Pais de las Maravillas de Tim Burton.

El reparto es magnífico, destacando Meryl Streep como la Bruja y Johnny Depp como el Lobo (que repiten en el musical tras la antes citadas Mamma Mia! en el caso de ella y Sweeney Todd en el caso de él) pero la sorpresa la da Chris Pine, ya que el actual Kirk de la saga Strar Trek demuestra una sorprendente vis cómica, ofreciéndonos un príncipe adulador y muy divertido, si bien la que sin duda llena la pantalla cada vez que aparece es una magnífica Emily Blunt como la esposa del panadero (sin en ningún momento desmerecer hacia la también destacable Cenicienta de Anna Kendrick)

Con un ritmo sutil y conciso, que no da pie al aburrimiento, la película parece acabar cuando se consigue lo que la Bruja le pide al Panadero y su mujer, si bien ese tramo final posterior sirve para acabar las andanzas de Jack con los gigantes, los cuales en ningún momento son enfocados en todo su grandeza (al contrario que en Jack el caza gigantes) Eso provoca que en ese último tercio más oscuro y errático de Into the woods baje el ritmo de una película, en su conjunto, de un atractivo y opulento aspecto visual que luce de maravilla, cual si se tratara de un clásico animado de la Disney.

LO MEJOR: Su magnífico diseño de producción y su opulento vestuario (ambos nominados a los Oscars), todo ello arropado en un musical al estilo Disney, que no aburre gracias a un gran reparto donde sin duda brillan Emily Blunt y Anna Kendrick (Meryl Streep está en su línea, aunque uno se imagine su personaje encarnado por Helena Bonham Carter, mientras que lo de Johnny Depp como el Lobo es un pequeño papel)

LO PEOR: El último tercio del film trastoca un poco el notable ritmo que hasta ese momento tenía (aparte de que la película llega cuando el espectador ya ha sido saturado de todo tipo de adaptaciones o revisiones de cuentos clásicos infantiles)